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Opinión sobre Werther

The Sorrows of Young Werther by Johann Wolfgang von Goethe. Mario Jodra illustration

Mi opinión sobre LAS PENAS DEL JOVEN WERTHER (“Die Leiden des jungen Werthers”, “The Sorrows of Young Werther”) de Johann Wolfgang von Goethe, y los elemento en los que me basé para realizar esta ilustración.

El Sturm und Drang (tormenta e ímpetu) fue un movimiento literario en contraposición a las limitaciones impuestas por el racionalismo de la Ilustración, y se constituyó como precursor del Romanticismo, reafirmando el predominio del sentimiento frente a la razón.
Las penas del joven Werther (1774) es la novela más representativa de esta corriente.

Para esta ilustración he tomado como referencia dos obras cercanas en el tiempo a esta novela:  “El caminante sobre el mar de nubes” de Caspar David Friedrich (1818) y “La Gran Ola de Kanagawa” de Katsushika Hokusai (1760-1849). Y aunque ésta última es una obra japonesa, para mi ambas son iconos, pinturas muy representativas de una idea general que tengo sobre el Romanticismo y sus propias contradicciones, algo que en mi opinión también refleja “Las penas del joven Werther”: El hombre y la razón dominan a la fiera naturaleza hasta que acaban siendo derrotados por sus fuerzas imparables, enterrados por el tiempo que cubre todo de cenizas. Un hombre que conquista cimas y corona rincones inaccesibles puede permitirse contemplar un océano infinito y eterno que podría ser el mismo cosmos. Por otro lado tenemos una gran ola desafiante embistiendo bruscamente contra unas desvalidas barcazas con sus frágiles ocupantes, que acabarán siendo engullidos finalmente por el mar.

Werther es el triunfo del conocimiento y la ciencia, un hombre ilustrado, la ascensión del saber que se enfrenta desfavorablemente a nuestra naturaleza y pasiones. Un cerebro reptiliano rebosante de emociones, escondido peligrosamente bajo el sayo, incapaz de sentir alivio bajo la pesada conciencia del Yo. La razón es subyugada, y nuestra principal fuerza cae como caerán los muros de un castillo o las torres de una iglesia ante una amenazante ola gigante que acabará inundando las calles de una ciudad construida para gloria de nuestra defensa y cobijo, arrastrando con ella a todos sus habitantes, tanto los queridos como los odiados, haciéndolos desaparecer como desaparecerá todo con el paso del tiempo. Y todo será inevitable.

The Sorrows of Young Werther by Johann Wolfgang von Goethe. Mario Jodra illustration

La forma que tiene Werther de desafiar un fin, una afrenta o la misma pasión desenfrenada que no es capaz de asimilar o controlar es anulando uno de los instintos naturales más básicos: la supervivencia. Esta anulación que pinta de dignidad es para él mismo una supervivencia del Yo aún mayor que el propio instinto esencial de conservación de la vida. Esta voluntad de destruirse mediante la superación de nuestro instinto reptiliano solo puede deberse a la voluntad misma de la razón ilustrada y de la conciencia más humana.

Werther no es otro que el propio Goethe, y sus vivencias amorosas fueron aquellas que tuvo él en Wetzlar (el Wahlheim de su novela, aunque basado en la cercana Garbenheim) uno de los pocos nombres que no citó explícitamente en su novela, pues todos los demás aparecen tal y como aparecieron en su vida.

Por eso he querido hacer un juego a la par entre un hombre que esconde discretamente una pistola y otro que tan solo hace un gesto ante la ensoñación del fin. Para mi ambos reflejan la novela y la situación que llevó a crearla. Goethe fantaseó con las posibilidades de sus impulsos en la vida real. Exaltó una naturaleza aniquilada mediante la voluntad y supo convertirla en un hombre coronando una montaña en vez de alguien derrotado a sus pies.

The Sorrows of Young Werther by Johann Wolfgang von Goethe. Mario Jodra illustration

Pero esas mismas fantasías escondían peligros aún mayores. Sobre la mesa de Werther, en el momento de su suicidio, había un ejemplar abierto en el pupitre de “Emilia Galotti”, un drama burgués en el cual un joven Principe enamorado trata de impedir la inminente boda de Emilia, su amada, con un Conde. Su decisión acaba desencadenando la muerte de ambos. Un drama reproducido en un episodio de la novela, donde un criado enamorado de su ama acaba asesinando al criado que le sustituyó. Werther defiende al asesino que va a ser ejecutado por haber cometido el crimen “por amor”.

Werther se suicida para evitar cometer un crimen similar, quizás rechazando ser otro Hettore Gonzaga, el joven Príncipe de Guastalla de “Emilia Galotti”. Werther huye esos deseos, aún más venenosos que su propia muerte: soñar con olas estrepitosas y arroyos que corren desbordados para inundar los valles, los campos, las praderas, los vallados, la casa y los jardines de su amada, y hasta el sauce donde descansó junto a ella después de un largo paseo.
Pero Goethe no se suicidó y acabó escribiendo esta novela, y muchas más.

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